atalaia | 05 Juliol, 2007 19:05
Ahir parlàvem d'en Blair a instàncies d'un acurat article d'en Daniel Capó. Per a continuar amb aquest Estadista (amb mayúscules), voldria afegir aquest altre article d'en Francesc-Marc Alvaro a La Vanguardia. Més pròxim als postulats de sa dreta espanyola o francesa (amic de n'Aznar i d'en Sarkozy, mal que pese a algunos), vist com un extraterrestre per s'esquerra dogmàtica europea, sobre tot per sa francesa, digne successor dels ideals liberals de na Thatcher. Ah, per cert, m'oblidava que encapçalava el partit laborista (esquerra, no?) i només ha guanyat tres eleccions amb majoria absoluta. I per aquí alguns encara ho desprecien per ser el chico de los recados del pistolero Bush.
Odian a Blair pero no lo hacen, en verdad, por su decisión de apoyar a la Administración Bush en la invasión de Iraq. Esto es sólo la excusa bonita para vapulearlo a placer. Si odian a Blair, es por algo anterior a la guerra contra el régimen de Sadam Husein. Muy anterior. El odio frontal de cierta izquierda contra Blair está en el origen de su proyecto, nace de algo que resulta insoportable para un sector político, ideológico y social envenenado de utopismo dogmático, purista e intransigente: el coraje y la inteligencia de Blair a la hora de redefinir el marco y los términos de la izquierda democrática europea. Ello supuso una verdadera revolución ideológica que, posteriormente, se tradujo en un éxito electoral. Mientras los socialistas franceses, alemanes y españoles trataban de reponerse del efecto que tenía en su universo de valores la caída del muro de Berlín y el hundimiento del totalitarismo comunista, los jóvenes de Demos, el think tank que cocinó las ideas que lanzó Blair, y el profesor Anthony Giddens leyeron mejor que nadie los signos de la nueva época. En lugar de encerrase en la perplejidad, en lugar de considerar que la gente es imbécil, en lugar de acusar a los demás de haberse vendido al capital, se dedicaron a pensar en serio. Y entendieron que lo único que podía mantener y vivificar el modelo socialdemócrata era hacerlo más flexible, más abierto, más ligero y, a la vez, más útil. No para desmontar el Estado de bienestar - como mantienen los indocumentados y los demagogos- sino para dotarlo de mayor eficacia. Hacerlo "sostenible", dirían los cursis. El Estado de bienestar debía ser permeable a demandas nuevas, muy distintas de la de la sociedad de los años 60, 70 y 80. "El Estado no renuncia a sus responsabilidades principales - proclama Blair-, sino que se muestra flexible e innovador a la hora de cumplirlas en colaboración con otros sectores".
atalaia1970@yahoo.es
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