S'Atalaia

No és la veritat sinó la mentida la força que mou la societat del nostre temps. Jean-François Revel (1924-2006)

Crisis, what crisis? (3ª part)

atalaia | 03 Juliol, 2008 15:51

Per tancar aquest petit serial de comentaris entorn a "las dificultades" (Rodríguez Zapatero dixit) que ja començam a patir, el nostre paisà Valentí Puig fa una anàlisi esmolada i ben dita sobre la darrera intervenció (obligada per la pràctica totalitat dels grups parlamentaris) al Congrés del President del Govern.

Si tenir una inflació desbocada apropant-se al 5%, amb un creixement més a prop del 1% que del 2%, amb destrucció i no creació d'ocupació, un tipus d'interès que arribaran al 6% a finals d'any, un dèficit exterior del 7,5% PIB (només superat per EE.UU. en termes percentuals!)...Seguim?

Recessió, crisi, manca de confiança...digue-li el que vulguis, però temps difícils ja guaiten.

Negar evidencias y ganar elecciones (Valentí Puig, ABC 3/07/2008)
Haber rehusado reconocer la crisis económica para ganar las elecciones de 2008 deja huellas inconfundibles en el umbral de esta legislatura, como la actuación del PSOE ante el 11-M impregnó, hasta extremos todavía indefinidos, la primera legislatura de Zapatero. Cualquier día Pedro Solbes y Miguel Sebastián pactan en secreto para aplicar a la crisis económica -como ocurre en política inmigratoria- muchas de las medidas que ha perfilado Mariano Rajoy. A tientas y a ciegas, sería siempre más de fiar un plagio así que la frivolidad negacionista antes mostrada por Zapatero.
La ratificó ayer en sede parlamentaria, con acento triunfal y un punto milagrero. Cabe una hipótesis inútil pero sugestiva: la negación de la crisis obtuvo para el PSOE unos votos confiados que, de cundir antes su constatación general, hubiesen podido sido ser para el PP. Desde luego, el paro va en aumento, hay más inflación y la pérdida de confianza del consumidor obliga a rebajas comerciales anticipadas que llegarán -según las empresas distribuidoras- hasta un 70 por ciento. El cuadro macroeconómico queda escorado, como la decoración del apartamento después de un leve temblor de tierra.
El zapaterismo sistematiza la tenacidad cuando las prioridades lo exigen: Zapatero y su gobierno negaron una y otra vez, por activa y por pasiva, la más remota posibilidad de una crisis económica. Con la información de que dispone un gobierno, no es fácil aceptar que lo negaban de buena fe o en beneficio de una credibilidad del sistema y de una apuesta por la confianza. Negaron hasta las elecciones y a partir de entonces los índices de desconfianza económica de la ciudadanía se han disparado. De suyo ambivalente, el zapaterismo niega y a la vez reduce previsiones de crecimiento, insiste en echarle la culpa al petróleo. Todo incluso después de las elecciones generales.
Para el PP, revelar la magnitud de la crisis emergente tenía el riesgo de que se tomara por catastrofismo, especialmente por parte del votante más moderado. Sus estrategas no sabían en qué medida ocurriría, como con la advertencia de que viene el lobo, cuando el mensaje se hace obsoleto y ya no motiva a nadie en el momento en que el lobo aparece de verdad. Será debatible el tono en que el centro-derecha advirtió de la crisis pero advirtió una y otra vez. Eran ciertos los datos que configuraban las sucesivas intervenciones parlamentarias de Rajoy y que habían sido articulados reiteradamente por el Observatorio Económico de su «think tank», FAES. Actualmente incluso la Fundación de Cajas de Ahorro rebaja de nuevo sus previsiones de crecimiento para lo queda de año y para el siguiente en su práctica totalidad. La España del dinero barato se aleja como un reflejo borroso en los espejos cóncavos. Ha llegado la hora de consumir marcas blancas y vacas flacas.
En julio de 2007, por ejemplo, los analistas económicos del PP definieron públicamente las «señales inequívocas de alarma»: bajo incremento de la productividad, nula reforma del mercado laboral, baja competitividad, elevado déficit comercial, encarecimiento progresivo de la deuda, previsible descenso en la construcción, familia endeudada, brecha tecnológica, flaca disciplina presupuestaria. Eran síntomas de agotamiento. Ahora los economistas ya lo ven como contracción cíclica. El diagnóstico, hace ahora un año, era que la economía española crecería menos y se crearía menos empleo. Faltaban unos ocho meses para las elecciones generales y el precio del petróleo se iba a disparar. El PP acusaba el PSOE de pasividad en sus políticas económicas y avisaba: «Si no se actúa rápidamente la economía española absorberá cualquier alza de precios de los hidrocarburos en forma de inflación».
Desde entonces, los diagnósticos económicos del PP mejoraron en precisión, mientras que la negación del gobierno ganaba en contundencia, amplitud e incluso desparpajo. No más de cien días después de las elecciones, la percepción general en la calle -según las encuestas- es que España crece menos y considerablemente peor que hace cuatro años. Es todo lo contrario de lo que el gobierno de Zapatero intenta demostrar desde finales del año pasado. Por contraste, la percepción generalizada de la crisis se concretó al poco de las elecciones. Es otra lección a tener en cuenta por el PP: conviene saber converger con las percepciones o ser más diestro en liderarlas.

Comentaris

Afegeix un comentari
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb